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Tapalín, Tinelli, Tato Bores y el porrón a un peso: un viaje punk a los noventa

En el bar Tarquino el porrón de litro costaba un peso y en el boliche sonaba Vilma Palma al palo. En la tele, Tinelli hacía del bullyng un entretenimiento popular y el payaso Tapalín en su programa sorteaba pollos tan congelados como los juguitos Cootam que había que ablandar a golpes en los cantos de las paredes. Susana te daba guita si le atendías el teléfono, Mauro Viale orquestaba el escándalo en el jet set, los Cebollitas celebraban el segundo puesto, Tato Bores tiraba algunas postas y el Genio de la fortuna los números de la quiniela. De la fiesta a la debacle menemista, la del noventa fue acaso la década más problemática y febril para toda una generación. Con cierta nostalgia de aquellos días felices y tristes, Juliana González y Angie Camuñas recuperan esa era en su espectáculo “Hijas del uno a uno” este viernes y mañana sábado a las 20.30 en la sala Orestes Caviglia (San Martín 251).

“Una de las tantas cosas que nos marcó de esa época fue el ‘uno a uno’, la famosa ley de convertibilidad: un peso, un dólar, que marcaría un antes y un después en la historia de nuestro país y, por supuesto, en la economía diaria de nuestros hogares. Parecía que todo estaba bien, que venía bien, pero vivimos en carne propia esa inestabilidad económica. Dentro de ese contexto, recordamos nuestras formaciones en escuelas públicas, ese universo juvenil desfachatado y rebelde, de modas que casualmente hoy vuelven a resurgir, como jeans tiro alto, los vestidos estampados y los remerones. Recordamos también la música que hasta el día de hoy seguimos escuchando, con cierta nostalgia, claro”, explica la actriz Juliana González el título del espectáculo y su impronta noventosa.

Según adelanta González, los espectadores se encontrarán con un show multidisciplinario que mezcla el humor, lo musical y lo teatral donde dos mujeres hablan de sí mismas de forma empática poniendo especial énfasis en sus vivencias personales: “Hijas del uno a uno es un espectáculo que mezcla canciones propias, monólogos de humor, algunos sketch, entre otras cositas más. Es un laburo que responde a la lógica de café concert donde hay interacción con el público y se rompe la cuarta pared del teatro hacia un universo cargado de reminiscencias a los años noventa”.

“En esa época la música también reformulaba una nueva forma de vestirnos. Las novelas nacionales e internacionales que veíamos también (Montaña rusa, Celeste siempre Celeste, Perla Negra, Amigovios, Muñeca Brava, La Usurpadora, o las novelas de Thalía, Friends, entre otras tantas). Reconstruimos parte de esa época, pero sin olvidar el presente y el compromiso que eso significa, digo, ser mujeres en los 90 fue igual de complejo que nuestro presente y de eso también nos hacemos cargo. Esto nos llevó a componer nuestras propias canciones, que son divertidas, pero también hay una bajada de línea en torno a nuestras vivencias como mujeres; nuestra insistente búsqueda de la libertad. Cuestionamos de forma metafórica el patriarcado y la desigualdad”, comenta actriz respecto al espectáculo donde las risas no son inocentes: “Hablamos desde nuestras vísceras, desde nuestros desencuentros, desde nuestros deseos, reconfigurando otra idea del amor y de los vínculos”.

“Nuestro espectáculo también es una forma de revolución. Queremos ese encuentro con el público, ansiamos volver a las tablas a reír, y que el público se sienta identificado, vamos a buscar esa adrenalina que dada la pandemia, hemos perdido. El shock del encierro nos ha interpelado, Hijas del uno a uno es una revancha a todo lo que hemos sufrido y qué mejor que desde el humor podamos reconectar con el espectador”, celebró Juliana el reencuentro tan ansiado con el público.

La obra comenzó a gestarse hace un tiempo en reuniones con amigos y tiene también esa impronta comunitaria: “Es una creación colectiva, empezamos con encuentros junto a nuestro   amigo Gabriel Carreras, que nos ayudó también a jugar con nuestras anécdotas… Teníamos tantas que no sabíamos cómo comenzar. Con Angie sabíamos que queríamos hacer humor, comedia, algo dinámico, fresco, sin cuarta pared… Algo que tenga el feedback, el idea y vuelta y la conexión directa con el público. Luego, ya con guitarra de por medio, fuimos reconstruyendo nuestras infancias y adolescencias.  Cuando tuvimos una estructura, empezamos el momento de poner quinta contando con nuestra productora Carolina Bloise.  En diseño de iluminación, Jorge Pérez Lucena, y dirección de arte, Mariana Delgado; una pequeña familia de amigos que se predispusieron al laburo. Con Hijas del uno a uno pretendemos volver al ruedo, al teatro, al intercambio energético que eso significa”.

“Es un viaje punk. Un viaje de vasos llenos, la altanería hecha carne. Una gira de 5to año de escuela pública, laica y gratuita”, definen Juliana y Angie. Las dos se suben al De Lorean emprenden esa vuelta al memorable e increíble pasado cuando el peso era un dólar y el mundo era otro mundo: “Échenle la culpa al menemismo en todo caso. Allí se forjó nuestro destino entre las calles poseadas, breteles de silicona a un peso, recetas de Choly Berrtetiaga pegadas en la heladera, Mauro Viale, Adolfo Nicolao. Pueblo chico, infierno grande. Los mellizos Orellana y las imitaciones en Famaillá. Practico portacd. Julián Weich, Omar Nóblega, Noemí Colombano, Mtv, Tato Bores, La biblia y el calefón, los discman, Hola Susana, las cámaras ocultas de Tinelli, camine señora camine, Elegidos, Cebollitas subcampeón, el genio de la fortuna, Tapalín y el sorteo de los pollos”.

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