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Qué pasó en la fiesta de la que habló todo Tucumán

Las zapatillas Adidas Forum 84 High Orbit blancas de Nicolás (lo llamaremos así para preservar su identidad) resaltaban por su pulcritud. Medias tres cuartos, bermuda cargo y una remera oversize negra completaba el outfit del policía que, pocas horas después, debía cumplir horario en su parada de siempre. Él había elegido cuidadosamente las prendas que iba a usar: Aquí en Tucumán no hay chance de que te dejen pasar a algún baile de bermuda, por eso está linda la Bresh, vas como querésNicolás no fue el único que preparó la ropa con tiempo. Para varios, la ilusión había arrancado mucho antes del sábado. 

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El mismo día que la denominada “fiesta más linda del mundo” tenía cita en el Club Central Córdoba y cuando los tucumanos estaban listos para salir a festejar después de las restricciones impuestas por la pandemia, los escándalos por la supuesta separación de Wanda Nara y la posible circulación de la variante Delta hacía eco en los medios.

Desde el fin de semana anterior al decreto de cuarentena que en la provincia no se hacía una fiesta así de grande. Grande en serio, porque la Bresh con fecha en Tucumán en solo cuatro días había agotado las más de 8 mil entradas que salieron a la venta. Ilusiones de ir de fiesta sobraban, los tucumanos tenían ganas de toda la liturgia que una previa a botella cortada implica. También hacer una fila larga para entrar al boliche, las presumidas, los besos fugaces, los celulares en los corpiños, polleras cortas y, sobre todo, bailar hasta que los pies se cansen.

El chicaneo en las redes había comenzado antes que los parlantes de Central Córdoba se enciendan. El intercambio de opiniones abrió un debate siempre latente: la eterna comparación con Buenos Aires. La fiesta Bresh tiene como sello registrado la presencia de famosos e influencers. En las últimas ediciones que se realizaron en Miami concurrieron figuras como Bizarrap, Duki, Tini Stoessel o María Becerra. La provocación de algunos foristas se podía leer en comentarios como: “Qué famosos tiene Tucumán, seguro van a llevar a esos tik tokers”, “Te lo imaginás a Gordillo y a la Amalia en La Bresh” “Qué acaso viene Sebastián Yatra”. Todas muestras de inseguridad con complejo porteñocentrico. El cruce se dio principalmente en Twitter. 

Foto de @fotogra.fer 

Ante esto, muchos se expresaron para dejar en claro que la joda no tiene centro. Un usuario, para contestar, citó a una de las Drag Queen más famosas de la provincia, Lady Alutrix, que había dicho“Poné el ojo mi amor, porque en todo el norte hay mucho arte, tenés que verlo nomas”.

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Tan rápido se habían agotado las entradas que Nicolás tuvo que comprar en la reventa. En el Marketplace de Facebook los precios arrancaban en $1.600 y se iban hasta los $3.000. La fiesta prometía y mucho. 

Las puertas de Central Córdoba se abrieron a las 19. Pero la gente comenzó a entrar en cantidad a las 22. Poco después de esa hora fue que el policía ingresó con sus Adidas que parecían recién pulidas. 

Un escenario con una cabina de DJ inmensa, una tarima y un cartel con la inscripción Bresh en rosa chicle resaltaban con las luces de colores. La cancha de hockey, ahora pista principal de la fiesta, se iba colmando de a poco. 

Nicolás entró con la idea de no quedarse hasta muy tarde. Pero la música, el glitter y la luna llena que alumbraba a esa marea de tucumanos en la noche del sábado parecían conspirar en contra de sus intenciones. Los cuerpos pegados bailaban en ronda. Si bien había espacio de sobra para estar dispersos, la mayoría de la gente se concentraba frente al escenario. 

Foto de @fotogra.fer

En el aire se respiraba la mezcla de los perfumes, transpiración y fernet derramado. Ya eran la una y la sensación de algarabía recorría Central Córdoba, todos parecíamos tener uno o varios conocidos en la Bresh. 

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La Bresh fue creada por un grupo de amigos porteños en el año 2016. Comenzaron organizando fiestas para menos de 500 personas. Al poco tiempo, el ambiente inclusivo, la música variada y la alegría instagrameable creció rápidamente. La Bresh, en dos años, se posicionó como una de las fiestas más populares de Argentina.

Hasta la llegada de la pandemia llevaban realizadas 170 fiestas con más de 240 mil asistentes. En 2019 salieron del país realizando fechas en Uruguay y Ecuador. Con el encierro por la cuarentena, la Bresh apostó por realizar fiestas virtuales donde la música se trasmitía a miles de usuarios que desde sus casas intentaban adaptarse a las circunstancias.

Foto de @fotogra.fer

Cuando las restricciones fueron cediendo, comenzaron de nuevo con la presencialidad. El fenómeno había crecido mucho en redes sociales: los colores, los influencers y las fotos se veían con una estética más suelta e inclusiva acordes a estos tiempos. 

En Marzo de este año llegaron a Miami donde se consolidaron con muy buena aceptación. Y en septiembre la Bresh aterrizó en Nueva York. Tucumán venía pidiendo pista, la fiesta era muy esperada. Así fue que la primera tanda de entradas se vendió a las pocas horas de haberse habilitado. 

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A las dos de la mañana, uno de los baños de hombres que daba hacía calle Bolivar se había convertido en mixto después que unas jóvenes con tacos altos así lo decretaron. La razón era que la fila del baño de mujeres era injustamente larga. Adentro del nuevo baño: olor a porro y meo en el mismo porcentaje. También risas y canticos de “aquí no se coge” a una parejita encerrada en uno de los cuatro compartimentos del baño. A esa altura de la noche, la pista principal estaba explotada. Nicolás bailaba. La música iba y venía por todos los géneros y épocas: un tema de Miranda, pasando por La Konga, el opening de la serie de Hannah Montana, Jijiji de Los Redondos versión cumbia y Turrakata Remix. El policía traspiraba y se movía con las luces. Se le reflejaba la remera pegada a la espalda con una aureola de transpiración producto de los pasos prohibidos que, desde hacía rato, lo hacían mover inescrupulosamente. Las cartas ya estaban sobre la mesa: si Nicolás decidía irse, podía dormir aunque sea cuatro horas. Si se quedaba, disfrutaría a costa de pasar prácticamente de largo a su trabajo como guardia urbano. “¡Aguante La Bresh!”, gritó. El policía decidía seguir rompiendo discoteca y poner las manos arriba de todos los de su ronda sin necesidad de usar la reglamentaria, sólo sus pasos.

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Lo dijo el escritor Fabián Casas: Lo importante son los cruces. Y la Bresh en Tucumán era eso: puro cruce. Un señor de traje, otro con bermudas. Había pantalones rotos y de colores. Pilusos, gorras, glitters de muchos tipos y anteojos de sol flúor. Todo colorido y llamativo.

Foto de @fotogra.fer

Las edades variaban y se combinaban como las vestimentas y la música. Un alumno se saluda con su profesor de literatura, una joven reconoce al padre de una de sus amigas, dos niños son cuidados por su abuela para que sus padres puedan decir presente en la fiesta, un grupo de amigas ingresantes de abogacía tienen su primera fiesta estrenando DNI como mayores de edad y yo me encuentro inesperadamente con Nicolás, viejo amigo de la escuela. Nos abrazamos y me dice: “Hacía falta ver por fin, después de tanto tiempo, una fiesta de este calibre porque te desconecta”.

Foto de @fotogra.fer

Uno de los cruces que si faltó fue el de los concurrentes con los invitados especiales. La lista de influencers tucumanos y del norte que se anunciaron en la Bresh era larga. Ellos estaban, pero en un Vip, atrás del escenario y rodeados de vallas. Aunque quizá, el cruce que menos importó fue ese. La realidad indica que en la popular siempre pasan cosas más divertidas que en el palco. 

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Para las 2:50 Nicolás ya estaba afónico, se había bailado y cantado todo. Muchos compraban en la hilera de puestos que había en uno de los pasillos, adentro del Club. Una parrilla con carnes a las brasas, opciones veganas, pochoclos, achilata y bebidas. Algunas parejas se juraban amor en las gradas o en algún rincón con poca luz. El policía recargaba el vaso de champagne que había comprado con sus amigos y seguía bailando. Las Adidas para ese entonces estaban irreconocibles: eran pura tierra.

Cuando se hicieron las cuatro, las luces comenzaron a encenderse lentamente, la muchedumbre salía por varios de los accesos del club. En la avenida Alem, las manos extendidas para conseguir un taxi parecían una coreografía orquestada. El humo de los puestos de chori se condensaba en la platabanda. La luna seguía alumbrando fuerte.

Mirá cómo se vivió la Bresh:



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