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Si no te la gana, te la empata: San Martín defendió la punta y pelea hasta el final

Diarte mete un sombrero y después mete un centro rasante, Estigarribia se estira todo lo que puede y no llega a empujarla. Dos minutos después Diarte tira el mismo centro, Estigarribia esta vez no se sorprende y la conecta con la punta del botín, la pelota sale tan rápida que no da tiempo ni de hacer el ¡UHHH!, la repetición muestra que el arquero había alcanzado a pellizcarla con las uñas y que por eso se desvió y dio en el travesaño.

Esas fueron las únicas veces que San Martín llegó en esta tarde de Quilmes, pero no se crea que el Cervecero se arrimó mucho más, para nada. Fue una final anticipada, con dientes apretados y corazón en la mano, así había que jugarla y así la jugó el Santo que otra vez estuvo ahí, como lo demandaba la historia y el presente. Firme, erguido, parado de frente y mirando a los ojos a un rival que amenazaba con llevarse puesto al mundo y apenas tuvo dos chances, una al comienzo de cada tiempo, el resto del partido fue pura impotencia, fue cayendo en las redes de un San Martín que fue a plantarse, sabiendo que si no se podía ganar, al menos había que empatar y empató nomas. 

El puntito, cuyo valor real lo sabremos mañana cuando termine Tigre contra Almirante Brown, costó mucho sumarlo, hubo que dejar el alma en cada pelota, con la guardia alta, con recaudos, con temor a los fallos arbitrales que, nobleza obliga, fueron impecables. 

Había que lidiar con un veterano de mil batallas como el Tanque Pavone, y de él se iban a encargar Lópes, cada día más sólido y Pellerano, otro experto en partidos de este calibre. Pero Pellerano dijo basta cuando sintió el pinchazo en el aductor y le pidió a De Muner que lo saque. Se jugaba la primera media hora recién y el Santo perdía a su soldado más experimentado. En su reemplazo ingresó Juan Orellana, directo desde Taruca Pampa al sur del Conurbano para comerse los talones de cuanto delantero tuviera por delante. Con apenas un puñado de partidos en el lomo, Orellana juega como si tuviera 30 años en Primera, a veces exagera en la confianza en sí mismo y arriesga más de cuenta, pero había que entrar hoy… y había que entrar así, como Orellana. 

El medio campo también tiene su héroe silencioso y se llama Rodrigo Herrera, el hombre que está cerca de todas las pelotas, no importan en qué lugar de la cancha haya una dividida ahí está Herrera peleándola, ganando más de las que pierde, con un despliegue y sacrificio inconmensurable, solo le falta relevar a Arce, porque no hay otro puesto que no cubra. A veces demasiado solo en la recuperación, forzado a algunas infracciones que siempre derivan, a la larga, en amarillas. Hoy llegó a la quinta y será una baja sensible para el lunes que viene cuando el Santo se juegue todo contra Tigre. Qué se le va a hacer, será la hora de Ballini: hay una gran alternativa. 

Otra baja dolorosa será de Diarte que fue amonestado cerca del final en una jugada que se podría haber dejado pasar. El lateral volvió a cumplir una destaca tarea de mucho sacrificio defensivo y buenos avances ofensivos. Hace rato que el ex Estudiantes es el mejor lanzador de centros del equipo por escándalo. 

Los demás volantes son bastante aplicaditos tácticamente, se acomodan rápido y ocupan bien los espacios, lo que explica que junto a una firme última línea, San Martín sea el equipo que menos goles ha recibido en todo el torneo. Cháves, González y Vella tiene buen manejo, pero a los tres les falta un poco más de decisión ofensiva, de empuje en ataque, de desequilibrio individual. En esto último es Vella el más habilidoso, también el más lagunero y en los últimos metros le falta resolver mejor. Con un poquito de todo esto, el Santo tendría un par de puntos más. 

Para los de arriba, el trabajo fue más sucio que limpio, más de forcejear que de jugar. No importa, así tenía que ser, así tenía que plantearse la cosa hoy: a muerte porque acá, en Tucumán, había cientos de miles de Ciruja prendidos a las pantallas, comiéndose los codos, con el alma metida en los televisores, tratando de estar esa tribuna visitante vacía. 

Algunos infiltrados había, siempre los hay, como el gran Valeria 14 que trasmitió desde una cabina por el Facebook de Santo de la Ciudadela para esos cirujas que no tienen cable, solo podían seguirlo desde el celular. 

“A estos putos les tenemos que ganar”, cantaban ellos, los de Quilmes. Allá le están ganando, muchachos y ahora vayan a Córdoba con cuidado, no vaya a ser cosa que ni al reducido terminen entrando.  

Y vos quedate tranquilo, porque cuando esto empezaba, si alquien te decía que llegabas a la última fechas con chances concretas de ser el primero de La Zona y ya clasificado al reducido, firmabas con los ojos cerrados, así que ahora disfrutarlo, a estar atentos al partido de Tigre con Brown de mañana a las 17.40 y después a copar La Ciudadela el otro lunes cuando venga Tigre que lo vamos a estar esperando. Mientras tanto, es hora a descansar que la noche fue larga, que la tarde también, y que lo nervios ya pasaron y te sacaste de encima un partido durísimo. A seguir con la guardia alta y el corazón alerta, a seguir ilusionados que hay con qué.  


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