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San Martín, la frente en alto y el traje de candidato que no se terminó de poner

Se lo llevó puesto, sobre todo en el segundo tiempo, como pudo, sin que le sobren las ideas, pero con la actitud que le venía faltando. Con los centrales plantados en mitad de cancha, sin volantes de marca, con los laterales pasando todos los tiros y con más ganas que talento, San Martín fue más y mereció más en Caballito. 

Mereció más en Caballito, pero también en los 180 minutos, porque aunque la derrota del otro día haya sonado inobjetable, no hay dudas que Ferro hizo menos en Tucumán que San Martín en Buenos Aires y que el 3 a 1 del otro día, que hoy termina siendo determinante, había sido un premio demasiado exagerado. 

El fútbol se trata de hacer más goles que el rival y Ferro hizo uno más en estos dos partidos,  por eso clasificó, porque tuvo la jerarquía suficiente para no perdonar, para saltar más alto en un corner, para contragolpear con maestría tras una mala salida defensiva y para colgar un tiro libre del ángulo que Arce había dejado demasiado descubierto.

El Santo fue esta noche un resumen, una síntesis exacta de lo que fue toda la temporada: corrió desde atrás, dominó, sufrió poco en defensa, le falto fuerza arriba y pero no consiguió el objetivo. 

Cuando se conformó este plantel, en San Martín ardía la campaña electoral, todavía estaban sangrando y ardiendo las heridas de la pandemia, el presupuesto era bajo y sin las recaudaciones no había grandes aspiraciones de cara al nuevo certamen. A eso se le sumó un flojo comienzo que le costó la cabeza a la dupla de Orsi y Gómez, hoy verdugos de turno, recayendo en la contratación de un técnico casi novato que declaró de entrada que no había plantel para ascender. 

Ese era el panorama tras seis fechas sin triunfos, nadie auguraba una levantada y mucho menos la posibilidad concreta de llegar a la última fecha con chances intactas de ser campeón. 

De Muner enderezó el barco, armando un equipo de atrás hacia adelante, logró la solidez defensiva que lo convirtió en la vaya menos vencida de la fase regular. A pesar de contar con esos cimientos firmes, nunca pudo encontrarle la vuelta al ataque. 

La falta de peso ofensivo fue la marca registrada de este 2021 Ciruja. Con Estigarribia como abanderado del ataque, con un pobre promedio de un gol cada cuatro partidos, la delantera Santa lastimó poco en relación al resto de los candidatos. Cano, mucho menos valioso que Estigarribia, tuvo una racha goleadora y de buenas actuaciones que terminó contra Maipú y a partir de allí se apagó por completo. Sin Gonzalo Rodríguez en la segunda mitad del certamen, las variantes se redujeron ostensiblemente y los recursos se agotaron rápido. 

A lo largo del certamen, el equipo sufrió mucho su falta de contundencia, en algunos tramos marcando un porcentaje muy bajo de las situaciones creadas. Sobre el final, ya ni siquiera generó mucho y con tan poca efectividad se hizo casi imposible anotar. De hecho, hoy, aún en una actuación colectiva más que interesante, al gol lo marcó un defensor rival en una jugada en la que casi no había delanteros en el área. Tras eso, fue al frente y buscó empardar la serie, pero no abundaron las jugadas de peligro y hubo más ganas e ímpetu que oportunidades concretas. 

En el medio campo faltó jerarquía. Tino Costa tuvo pasajes de grandes actuaciones en las que lucía físicamente mejor que nunca, hasta que se lesionó y se perdió medio campeonato, sobre el final volvió y fue uno de los que dio la cara hasta el último. Ariel Cháves, tal vez el más talentoso, fue de mayor a menor para culminar el certamen de la peor manera, envuelto en rumores que lo implican con mala conducta y aunque no nos interesa ahondar en eso, no podemos dejar pasar su displicencia exasperante impropias para un contexto de partido eliminatorio. Vella y Daniel González insinuaron más de lo que gravitaron, volviéndose improductivo e intrascendente tanto hoy como todo el torneo. Solo Herrera, que hoy ni jugó y no tiene características ofensivas, merece ser destacado como un volante de gran temporada. 

Además, le costó mucho ponerse el traje de candidato, hubo fechas claves donde faltó ambición e intensidad para sumar de a tres, como contra un mezquino Belgrano o ante Estudiantes de Río Cuarto donde le triunfo estuvo al alcance de la mano. 

Contra los rivales directos que pelearon arriba hasta el final, solo venció a Agropecuario ida y vuelta y a Tigre como visitante (en la mejor actuación del torneo), cuando todavía corría desde atrás. Después perdió y empató con Quilmes y empató los dos con Almirante Brown. 

Es evidente que al plantel le faltó convicción, creérsela un poco más y se sintió mucho más cómodo cuando venía desde atrás que cuando se puso cabeza a cabeza. San Martín no supo poner en práctica ese dicho del turf que indica que “caballo que alcanza, caballo que gana”. No tuvo esa pasta de campeón que aflora en determinados momentos para torcer el destino a su favor. De Todos modos, se reinventó, peleó fecha a fecha, perdió muy poco, sostuvo largas rachas sin derrotas, luchó hasta el final y hoy mismo estuvo muy cerca de conseguir una remontada heroica. Le faltó un poco de nafta en el tanque como para terminar de ser un firme aspirante al ascenso

Esta es la tercera temporada consecutiva de la Primera Nacional en la que San Martín es protagonista, incluyendo la del ascenso del 2018 y la previa a la pandemia en la que iba puntero. 

En esta oportunidad, las bases sobre las que se montó el equipo eran demasiado endebles, sin embargo, se dio más pelea de la que cualquiera se imaginaba. Ahora, con las boleterías abiertas, y más 10.000 socios nuevos que ahora hay que mantener, la Comisión Directiva tendrá la oportunidad de encarar una nueva temporada desde el arranque, sin transiciones políticas, ni pandemias desgastantes en el lomo. 

Ya se anunció la continuidad de De Muner, aunque todavía nadie puso el gancho. Habrá que dar alguna limpieza del plantel y quedarse con los que de verdad rindieron y jugaron con ganas hasta el final. Después jerarquizar esa base con jugadores de fuste como para sentirse candidatos de entrada y que el ascenso deje de ser un quimera, para ser un realidad posible, tangible.  




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