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Agustín Canapino y la confesión de lo que le pidió a su padre antes de ser campeón

Se lo ve entero. No hay euforia ya, pese al enorme esfuerzo por conquistar el bicampeonato del Súper TC2000 en una de las definiciones más vibrantes y apasionantes que se recuerde en el automovilismo nacional. Hay aplomo, por la madurez de sus 31 años pero también por los cachetazos que pega la vida en medio de tantas conquistas deportivas.

Agustín Canapino es de los pilotos más ganadores del automovilismo nacional actual. Una quincena de títulos lo tiene curtido en definiciones. Claro que ninguna, según el propio protagonista, como la que vivió en el autódromo porteño, al ganar la corona frente al avance de su rival por el título, Leonel Pernía.

Este año quedará como el más triste que le tocó vivir al piloto arrecifeño. El 15 de febrero el ambiente del deporte motor argentino se sacudió con la sorpresiva noticia de la muerte de Alberto Canapino, su padre. El exitoso preparador y responsable de tantos autos que quedaron en la historia padeció covid-19. Y no resistió.

A partir de entonces, fue empezar de nuevo para Agustín, que con todo el dolor debió asumir responsabilidades que eran exclusivas de su padre. Se hizo cargo del equipo de competición en Arrecifes y trató de salir adelante como se podía. Esos tremendos obstáculos que interpone la vida en los momentos menos esperados.

Sin embargo, en el Súper TC2000 tomó protagonismo en un campeonato que parecía reservado para los cuatro grandes representantes: el entonces campeón, Matías Rossi (Toyota), Facundo Ardusso (Honda) y los dos que terminaron definiendo el certamen en la última fecha: Pernía (Renault) y Canapino (Chevrolet).

Una competencia alocada, con la incertidumbre del clima minutos previos a la largada. Una llovizna que se detenía en las primeras vueltas y el diluvio que fue contundente en la segunda mitad de la carrera.

El festejo de Agustín Canapino con parte de su equipo en el Súper TC2000. Foto Mario Quinteros

Piso seco para Canapino. Piso mojado para Pernía. Esas eran las tendencias en esta competencia que sacudió por su emotividad y espectacularidad. “Se manejaron todo”, como se dice en la tribuna, donde poco importó el agua, atenta a una definición fabulosa.

El tercer lugar le dio la corona a Canapino. Pernía debía superar a Julián Santero, finalmente ganador con Toyota, y su compañero, Damián Fineschi tenía que arrebatarle el lugar a Canapino para dar vuelta el resultado final. El agua jugó en su favor, el de Renault pero le faltó un par de vueltas más quizás para lograrlo.

-Desde afuera se vivió una definición atrapante. Muy emotiva, como hacía mucho tiempo no se lograba en el automovilismo nacional. ¿Cómo la pasaste desde adentro del auto?

-La pasé muy mal (risas). Fue una definición muy, pero muy loca. Muy intensa. Más allá del contexto, de lo de mi papá, la carrera en sí fue una locura. Parece mentira, pero si no se sufre, no vale. Fue muy loca porque arranqué bien, pero peleando con Santero, porque la pista estaba húmeda, pero tirando para secarse, y ahí nuestro auto iba fuerte.

-¿Y cuando se largó a llover?

-Y… Me la ví venir. Los Renault en lluvia eran más fuertes que todos. Pernía empezó a avanzar y me superó en una maniobra con un toque. Y después me tuve que defender de Fineschi, con quien nos rozamos un montón de veces. Dejamos todo los dos y no quería que me pasara, porque de ser así dependía de un sobrepaso de Pernía a Santero para quedarme sin nada. Hasta que no bajaran la bandera, no se sabía qué iba a pasar. No pestañeé en toda la competencia. Esas últimas 10 vueltas fueron una tortura.

-¿Cómo catalogás esta definición?

-Yo creía que mi definición en el Turismo Carretera en 2017 era insuperable. Pero la del domingo con el Súper TC2000 fue superior. Por el nivel de concentración y de adrenalina. Y además porque acá me tuve que defender. Siempre es peor que atacar.

En el nombre del padre

Agustín Canapino se arrodilla ante la firma de su padre en el capot del Chevrolet. Foto Mario Quinteros

-Esta corona llega en un momento muy particular de tu vida. Muchos de los diseños del auto fueron dibujados por tu papá. Hasta aún quedan manuscritos que utilizan en el equipo hechos por tu padre…

-Este campeonato es de y para mi viejo. Era el director técnico del equipo Chevrolet YPF desde la temporada anterior. Nuestro gran sueño era ganar un campeonato de Súper TC2000 juntos. Habíamos logrado mucho en el TC y queríamos uno en el Súper TC2000. Siento que físicamente no lo pude vivir, pero desde algún lado me acompañó.

-Eso se siente…

-Le pedí mucho a él en esas últimas vueltas. Que me diera energía extra para poder aguantar esa posición y para que me mantuviera en la pista, porque estuve varias veces por irme afuera.

-¿Lo llevabas de acompañante en esas vueltas?

-La verdad es que no lo sé. Pero cada vez que salía a la recta le decía: “Pá, dame una más”. Y así fue, porque el nivel de exigencia que tuve fue tremendo y necesitaba fuerzas de algún lugar. Puede sonar un poco loco, pero así lo sentí, por más que parezca exagerado.

-Más allá del dolor personal, para vos fue toda una transformación. Te tuviste que quitar el traje de ídolo y ponerte el de dueño de una PyME, con la responsabilidad de llevar adelante un equipo de competición como lo hacía Alberto.

-Tal cual. Pero además me quedaron un montón de otras cosas que ni te imaginás. Por eso digo que es un año mucho más duro de lo que se imaginan. Por momentos me preguntaba: “¿Qué onda con todo esto?” Pero al menos llegan estas satisfacciones que al menos me permiten ser un agradecido a la vida por sentir este tipo de revancha, con tranquilidad y satisfacción a fin de año.

Canapino se bajó del Chevrolet Cruze e inmediatamente se agachó sobre la trompa del auto. Allí está estampada la firma de su padre. Una suerte de homenaje a Alberto tras su fallecimiento. Y luego la celebración por la conquista del bicampeonato con el equipo. Con Guillermo Cruzetti, que ahora lleva las riendas desde lo técnico en lugar de Alberto Canapino. Y con el resto de la estructura.

Agustín y Matías Canapino, en el festejo del campeón. Foto Mario Quinteros

-Más allá de los festejos, te cruzaste con tu hermano menor, Matías, en un abrazo eterno. Sólo ustedes saben lo que significa ese apretón.

-Fue muy emocionante. Hace casi un año, cuando falleció papá, Cruzetti, que era mi ingeniero de pista, pasó a tomar el rol de director técnico del equipo. Y en lugar de Guillermo, lo ubiqué a Matías por un par de carreras hasta reacomodarnos. Pero es tan inteligente y con apenas 21 años te puedo asegurar que es el mejor ingeniero de pista que tuve en toda mi carrera. Trataré de renovarle el contrato ahora que se me va a poner caro (risas).

-¿Por qué Canapino bicampeón del Súper TC2000?

-Es una pregunta complicada. Sólo sé que tuve un gran equipo detrás. Son carreras de autos. A mí me tocó definirla arriba. Agradezco a ProRacing y a Chevrolet por tener el mejor auto de la temporada.

-Junto con Pernía salieron a buscar el bicampeonato. ¿Qué destacás de tu rival?

-Es un rival terrible. Campeón de la categoría, ha peleado muchos títulos. Es de lo mejor que tiene nuestro país. Fue muy difícil y por muy poquito se definió en nuestro favor. Pero todo eso combinado con un equipo del nivel de Ambrogio, con Renault. Son muy muy fuertes. Además ellos tenían cuatro autos en la pista. Sumaban muchas características buenas que hicieron que fuera realmente muy complejo ganar.

-¿Dónde ubicás a este título del Súper TC2000 entre todos los que ganaste en tu carrera?

-A todos los pongo de la misma manera. Todos me costaron muchísimo. Mi papá no está para contarlo, pero yo no tenía chance de ser piloto. Todos cuestan mucho: desde la primera corona que gané a los 17, con muchos granos y mucho pelo, hasta este título, sin granos y menos pelos. 

-Pasan los años y Arrecifes sigue siendo la “Cuna de Campeones”.

-Es increíble, pero Arrecifes se mantiene vigente año tras año con las conquistas. Agradezco el apoyo que mi ciudad me brinda permanentemente. Orgulloso de ser arrecifeño.

HS

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