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Murió Carlos Maizon, abanderado de los vecinos en el conflicto en Villa Mascardi

Nunca dejó de denunciar las agresiones a sus vecinos por parte de la comunidad Lafken Winkul Mapu, que usurpó más de 30 hectáreas en 2017.

Tenía 78 años y había nacido en la propia Villa Mascardi en 1944 cuando habitar la zona era un acto de puro heroísmo en la Patagonia. Carlos “Cacho” Maizon se sentía plenamente de Mascardi, parte de su lago y de las montañas que se levantaban a metros de su patio trasero. Vivía en medio de la naturaleza aunque muy cerca de la ruta 40 que conduce a El Bolsón.

Maizon era hijo de los alrededores de Mascardi, ubicada a unos 30 kilómetros de Bariloche. El colono estaba muy afectado por la pérdida de su esposa, Delia Willer, fallecida recientemente en un accidente,.

Como era de esperar su cocina era la tradicional cocina patagónica a leña, siempre encendida, presente desde la madrugada a la noche y con varias pavas a punto para el mate, el té o el café de campo. Bien cargado.

La casa no era amplia aunque sí reconfortante construida en madera y piedra. Retazos de lo que había a mano en su época. Maizon era un hombre de la vieja escuela y le gusta apelar al papel para explicar algunos temas complejos. Su caligrafía recordaba las antiguas formas que exigía la educación formal a mediados de siglo pasado.

Era frontal, pero educado. No había sombra de temor en su mirada. Aunque en 2017 comenzó a ser acosado por los miembros de la comunidad Lafken Winkul Mapu, nunca se mostró asustado ni frágil.

Carlos Maizon y Delia, su mujer. Foto: Trilce Reyes

Por su predio se empezaron a escuchar ruidos extraños, tala de árboles no muy lejanos, continuas fogatas en sectores donde nunca hubo nada. Hasta que las sombras que rondaban su propiedad se convirtieron en un hecho cotidiano.

Comenzaron los altercados, las amenazas, los cortes de ruta, los ataques a funcionarios de todo tipo.

Maizon aseguraba que estaba pensando en armarse, por las dudas. Y lo decía en serio.

En octubre desalojaron la ocupación que comenzó en noviembre de 2017.

Su esposa Delia Willer y él conocieron tiempos mejores en Mascardi. Ella había trabajado para el Hotel IOS (Hotel Obra Social) que ocupaban en vacaciones numerosos jubilados. Con los años el hotel fue cerrado, terminó siendo donado Parques Nacionales y fue proyectado como Escuela de Guardaparques. Finalmente nada de eso ocurrió. Los ocupantes lo desarmaron pieza por pieza hasta que sólo quedó una triste cáscara del establecimiento.

Delia y Carlos observaban este declive con resignación y hastío. Su casa y su lote se ubican al sur y muy cerca de la zona de conflicto con el grupo de mapuches radicalizados.

“Esa gente que está ahí es como si tuviera una vacuna contra la ley; no la acata para nada. Tienen tanto de mapuche como yo de australiano. Se trata de oportunistas. No son de acá, ni jamás vivieron en este lugar. Son delincuentes de Bariloche, y de la peor estofa”, le dijo en su oportunidad a El Cordillerano.

Una escena famliar de Maizon en su casa de Mascardi. Foto: Trilce Reyes

Durante años Carlos había sido el concesionario del Automóvil Club Argentino (ACA) que se encuentra a unos 250 metros del ex hotel. Después se jubiló pero nunca dejó de mantenerse en actividad. Gente amante de la montaña lo recuerda vendiendo leña cortada a los visitantes. “Una leyenda”, exclama uno. “Un hombre muy de ahí”, explica otro.

A su modo, Carlos se convirtió en un defensor del espacio público en Mascardi y de su propio hogar que había ido levantando con las décadas. Nunca dejó de decir lo que pensaba. No se calló.

“Al lado del hotel, en instalaciones de la ex Gas del Estado, había una colonia para niños, se llamaba Vacaciones Felices. También había turismo para mayores todo el año”, contaba a Clarín en 2018.

“Desde la Comisión de Fomento de Mascardi nos negamos a una iniciativa de poblar de lotes el faldeo, durante la segunda presidencia de Cristina Kirchner. Hoy vivimos invadidos por un grupo que argumenta temas religiosos para tomar tierras y atemorizar a la gente”, decía.

“En una época llegamos a ser muchas mucamas. Hacíamos de todo porque la idea era que el hotel no tuviera que depender en nada de Bariloche”, explicaba por su lado Delia refiriéndose al hotel IOS.

Desde la Junta de Vecinos de Villa Mascardi se despidieron en las redes de Carlos.

“Con enorme tristeza hoy despedimos a un querido y respetado vecino de Villa Mascardi. Carlos “Cacho” Maizón. Nacido en Villa Mascardi el 16 de octubre de 1944. Pionero, promotor del respetuoso y ordenado disfrute de esa pequeña comunidad, no pudo volver a verla “en vida” próspera y en paz. Seguramente desde el cielo hará fuerza para que así sea!”, indica el comunicado.

“Tampoco pudo volver a su propiedad de El Foyel. Ambos casos sin justicia definitiva luego de violentas usurpaciones ocurridas en los últimos años. Acompañamos a su familia en este doloroso momento. Deseamos para don Maizón reencuentro con su esposa Delia y paz eterna para ambos”, agrega el texto.

Carlos mantuvo un disputa con la comunidad Guaitecas en El Foyel donde poseía un campo de 300 hectáreas. La Justicia ordenó una medida de “no innovar” en el conflicto pero el vecino de Mascardi nunca pudo regresar a sus tierras.

“Me mandaron una nota diciendo que mis tierras estaban sobre un cementerio sagrado”, relataba a El Litoral. “Me resigné. Un día voy a reponer dos tranqueras que se habían deteriorado, y me aparece la jefa de la comunidad o werken y me dice que no podía entrar. Me da un documento firmado por un juez diciendo que ni yo, ni la comunidad de ella podía usar esa tierra, hasta que se resuelva en qué quedaba la causa judicial, era una orden de no innovar”, recodaba.

PS

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