14.2 C
San Miguel de Tucumán
HomeSociedadMar del Plata vs. Pinamar: cuánto se necesita para comer en la...

Mar del Plata vs. Pinamar: cuánto se necesita para comer en la playa

Los gastronómicos de la Costa se pusieron de acuerdo en no aumentar los precios de los platos y bebidas para equiparlos a la inflación que, interanual, orilla el cien por ciento. “No pretendamos salvar el año con los clientes, apostemos a la constancia y calidad de diciembre hasta abril y a todos nos irá bien“, fue la conclusión de varias reuniones informales, según le contaron a Clarín dueños de bares, restaurantes y chiringuitos de las distintas playas de Mar del Plata y Pinamar.

Pruebas al canto: hay mucha más disponibilidad económica del veraneante en este incipiente 2023 que en el mismo período del año pasado. “Si bien es prematuro para tener una perspectiva fehaciente, estos cinco días del año nos marcan una pauta, una dirección y por qué no pensar que este rumbo se mantendrá”, augura Marta García, dueña del bar emplazado en arenas de Las Toscas, Mar del Plata, detrás de las carpas.

Amable y generosa pese a ser el rush hour del mediodía, García apuesta al menú del día cada jornada. Carteles pegados en las ventanas anuncian Ensalada coleslaw, con arroz, zanahoria, repollo, tomate y langostinos a $ 1.890. Hace un año ese mismo plato estaba $ 1.290. “Salvo platos puntuales, nosotros aumentamos entre el 40 y el 50 por ciento y la idea es no tocar los precios durante el verano. No tenemos margen de ganancia, pero apostamos a que trabajemos todos los días”. El amplio restó está en un 80% de capacidad.

Los panchos (a $ 400) son muy solicitados en playas como Punta Iglesias, Casino y Popular. Foto Gabriel Bulacio

Según pudo constatar este medio durante la hora que estuvo en el local es que las rabas son uno de los platos más pedidos. La porción cuesta $ 1.890 y en 2022 salía $ 1.590. Las picadas también son solicitadas porque traen milanesas, pollo, queso y papas cheddar. Para dos personas sale $ 1.890 ($ 1.390 hace un año) y para cuatro $ 3.660 ($ 2.500). Y no pasa desapercibido el sandwich de milanesa completo (jamón, queso, huevo y papas fritas). Pueden compartir tres chicos o dos adultos y tiene un valor de $ 1.990 ($ 1.350 en 2022). “Nuestra filosofía es simple: porción grande y calidad”, dice García.

Las bebidas, donde se suele buscar una diferencia económica, están en precio: las gaseosas de medio litro están en $ 350 ($ 250 hace un año), la cerveza de litro $ 690 ($ 450) y las latitas $ 420 ($ 320). “Creo que enero continuó el envión de diciembre, cuando duplicamos las ventas respecto del año pasado. Debo reconocer que estoy sorprendida, no esperaba estas, pero muchos clientes me lo dejaron claro: ‘Si vamos, salimos y si salimos, gastamos’. Y me parece saludable después de lo dura que fue la pandemia. ¿Si podré mantener los precios? Con los proveedores fui clarita: no me mantenés el precio, no te compro más”.

En Las Toscas el bar que está detrás de las carpas se llena todos los mediodías por precios y calidez. Foto Gabriel Bulacio

​En Playa Bristol las imágenes, casi coreográficas, se repiten: por un lado, familias que apuestan a los panchos, que cuestan $ 400 y también tienen mucha salida los choclos, también a $ 400 y las ensaladas de fruta, elegidas especialmente por mujeres. “43 panchitos vendidos, la verdad que muy bien”, dice René, el vendedor que fue a reponer mercadería. “Esto se mueve más después de las cuatro de la tarde”. Sobre el comportamiento de la gente a nivel económico, advierte “una actitud positiva y optimista, mucho más que el año pasado, cuando cobraba $ 250 cada pancho”.

Levantó el ánimo Santino, santiagueño, recién llegado a La Feliz para vender ensaladas de frutas. “En esta última hora vendí 10 al hilo, pero venía mal. Veo que la gente consume, pero a mí me compra poco. Sé que $ 600 no es poca plata, pero a mí me cuesta mucho. ¿Sabés lo que sale el durazno? Lo tuve que sacar, está imposible. Ahora las hago con naranja, banana y frutillas”, cuenta el vendedor que en diciembre las cotizaba a $ 400. Lo saluda Sebastián que, agotado, se libera unos minutos de los 30 kilos de bebidas que carga en su heladerita. “No doy más, llevo unos 20 kilómetros recorridos y ahí andamos, la gente elige el mate”, sonríe.

En Playa Grande el choclo es una de las vedettes. A $ 400 pesos por día, se venden entre 200 y 250 unidades diarias. Foto Gabriel Bulacio

En su heladería lleva aguas, gaseosas y cervezas. “Son precios razonables, no queremos espantar al cliente. Aguas y gaseosas de medio litro están $ 100 pesos más que el año pasado, las tengo a $ 400. Y la cerveza en lata está $ 500 y el verano anterior $ 350. No subimos el doble como aumentó todo”, apunta el marplatense Sebastián. “Igual veo otras intenciones en la gente, no se priva tanto”.

​En el chiringuito Casino hay tres filas desordenadas que estresan a las dos empleadas que atienden. “La comida está en un buen precio, no aumentó tanto”, dice el matrimonio de Carmen y Carlos, que viene hace 30 años. Las hamburguesas completas a $ 1.200 es lo que más sale pero también se ven muchos conos de papas fritas ($ 400) y choclos ($ 400). “Nosotros aumentamos un promedio del 60%. Sabemos que si acompañamos la inflación… sonamos“, informa Mirta, la encargada, en un breve paréntesis.

Muchos veraneantes se toman un “descanso” de la playa y comen en los bares y restoranes emplazados en los balnearios. Foto Gabriel Bulacio

Al lado, pegadito, Javier Varela -se presenta- vende helados de agua y de crema. “Estoy en un promedio de 150 unidades por día, pero quiero llegar a 300. Sé que estoy lejos, pero por la gente que hay tengo que lograrlo y la mercadería, que es confiable, está en precio. El palito de agua está $ 300 (el año pasado a $ 200) y el de crema a $ 400 ($ 300)”. Se disculpa, tiene que arrancar otra de una hora de venta ambulante.

El bar de playa de La Popular se maneja con promociones “que están dando muy buen resultado”, remarca Mabel, cocinera y encargada. “Tenemos 6 menúes a muy buen precio”. El A cuesta $ 650 y se trata de un superpancho con papas pay y agua saborizada. El B, $ 1.300, trae una hamburguesa con jamón y queso, papas fritas y bebida. El C, $ 850, es una hamburguesa completa y una bebida. El D, $ 1.000, es una ensalada a elección (arroz, mix verdes, zanahoria, huevo y tomate) y bebida. El E, $ 800, es un choripán con bebida y el F, $ 1.000, es una milanesa completa con bebida.

Las bebidas, jugos y licuados tienen mucha salida y los precios van desde $300 a $800. Foto Gabriel Bulacio

Pegado a lo de Mabel, un chiringuito “dispara” vendedores ambulantes hacia la arena de las playas céntricas. “Los conos de papas fritas y los choclos son un clásico. Los tenemos a $ 500 y $ 400 respectivamente, apenas cien pesitos más que el año pasado”, tira Aníbal, “Otra cosa que se está vendiendo bien son las tartas de verdura y jamón y queso, a $ 600 la porción. El año pasado funcionaron y ahora son muy solicitadas”.

En Punta Iglesias está Los Lobos, un puesto que aparenta mucho menos de lo que ofrece, que es un menú heterogéneo y, de alguna manera, muestra la tendencia del veraneante de comer después de las tres de la tarde. “Se ha corrido todo, este verano a la gente le cuesta arrancar pero cuando lo hace se nota en el movimiento”, dice Martín, que trabaja con sus padres y cuenta que las rabas, a $ 1.500, es de los platos más pedidos. “Tenemos una buena porción para compartir. ¿Si aumentó? El año pasado estaban $ 1.200”.

Volvió el pirulín. “Tiene salida, como siempre, y cuesta $100”, dijo la vendedora instalada en Playa Alfonsina. Foto Gabriel Bulacio

Dice el joven vendedor que “nuestra especialidad son los sandwiches y en nuestro podio de más vendidos están el de milanesa ($ 650), bondiola ($ 700) y lomito ($ 700). “Nosotros subimos apenas un 25% respecto de enero pasado y si bien esto está arrancando, sentimos que hay una buena vibra, ¿entendés? Apostamos a que el veraneante que viene a esta playa vuelva cada día por calidad y precio, no que huya espantado”.

Omar tiene una bandeja con patitas de pollo en La Perla y está sorprendido por la buena respuesta. “Arranqué este año y la verdad que funciona, creo que es un producto diferente, que no se ve mucho en la arena. Cobro $ 450 cinco patitas y las vendo todas porque son sequitas, nada aceitosas”. A unos metros se escucha el vozarrón que anuncia “gaseosas y jugos, 300 pesitos”. Muestra la heladerita y quedan pocas unidades. “Sale mucho, están baratas y la gente tiene unos mangos más en el bolsillo”. ¿El año pasado? “Estaban a $ 200 y se amarrocaba mucho más”.

Los precios de comer en la playa en Pinamar

En Pinamar y alrededores los precios siempre son un poco más caros. Según el relevamiento de Clarín, la diferencia ronda en un 20% más entre un destino y otro. Pero los comerciantes comparten la política de no trasladar de lleno el aumento de los costos por la inflación para preservar el volumen de ventas.

El propietario de La Gamba, La Serena, Tante y Divisadero, Marcelo Leuzzi, explicó en una nota a Clarín que la carta aumentó alrededor de un 75% respecto a la temporada de 2022. “Los gastronómicos no podemos trasladar una inflación del 100% a nuestros clientes porque sería una locura, así que lamentablemente tenemos que bajar los márgenes de ganancia”, apunta.

No tiene que ver únicamente con la inflación de los productos alimenticios, explican desde el parador La Pérgola, de Valeria del Mar, donde explican que los precios en gastronomía aumentaron en un 80 por ciento. “Está todo atado al aumento del canon que se paga a la Municipalidad por la concesión y también en relación a los sueldos de los trabajadores, que en muchos casos se vienen especialmente a trabajar acá y tienen que poder pagar los alquileres”, sigue Martín Jaureguí, que junto a Marcelo Palacio, administra el balneario. 

En Pinamar las rabas se consiguen desde $ 2.400 a $ 3.800 según el lugar. Foto German Garcia Adrasti / Enviado especial

Las rabas son uno de los platos preferidos esta temporada para los que quieren picar algo sin alejarse de la playa. En Pinamar el precio puede variar hasta un 100% según el lugar, desde $ 2.400 a $ 3.800

El precio más barato que encontró Clarín fue en Valeria del Mar (La Serena, $ 2.400 la porción), seguido por un parador de Pinamar Norte (Cocodrilo, $ 2.800). Los paradores de Ostende, como Puerto Ostende, El Faro, La Ramba y Barlovento, la cobran $ 3.000, mientras que en Cariló, Pinamar Norte y La Frontera rondaba los $ 3.800.

Desde el parador Nómade, en La Frontera, aclaran que la zona de médanos al Norte de Pinamar ofrece dificultades específicas para los gastronómicos. Los proveedores no llegan porque se necesitan vehículos todo terreno y tampoco tienen electricidad o gas. De ahí que algunos precios sean más altos en comparación al promedio.

En el parador La Gamba, la gaseosa está a $ 490 y la hamburguesa con papas fritas $ 2.900. Un café chico, $ 490. En La Pérgola, una gaseosa cuesta $ 510, mientras que una hamburguesa completa con papas fritas $ 2.200.

En la playa también se siente la diferencia de precios con respecto a Mar del Plata. En general, en La Feliz el choclo con manteca y sal se consigue a $ 400, mientras que en Pinamar a $ 500.

Los churros, el clásico de las tardes de playa

En La Rambla, a unos cien metros de distancia, están los churros Manolo y los Mingo. “Hay una sana competencia, está todo bien, no es fácil competir con Manolo”, dice José Luis, de Mingo, que tiene la docena a $ 1.500 ($ 600 en 2022), $ 800 la media docena y $ 150 la unidad.

Manolo, su vecino ambulante más famoso es más caro: $ 2.000 la docena, $ 1.000 seis churros y $ 200 cada uno“.

En Pinamar, la docena de churros en El Topo se consigue a $ 1.500.

Fila para comprar churros en El Topo, en Pinamar. Foto German Garcia Adrasti / Enviado especial

Cerquita Margarita tiene su carrito de dulces pero la gente lo gambetea. “Está complicado, esperemos levantar”, hace saber. Dice que la manzanita y los copos de nieve están $ 250 ($ 200 el verano pasado) y las garrapiñadas y pochoclos $ 200, 50 más que hace un año.

“¿Hoy en dónde se come por $ 1.500? Mar del Plata es muy democrática y se adapta a todos los bolsillos. Y está claro que el turista lo advierte, yo tengo colas todo el tiempo”, dice María Elena, encargada de un puesto de comidas en La Perla.

“Yo subí un 40% nada más y el cliente del año pasado me sigue eligiendo, confía”. La milanesa completa con una bebida cuesta $ 1.400. “Es la especialidad, lo que más sale”. Después están las hamburguesas completas a $ 800. También provee bebidas con alcohol: fernet y daikiri de frutilla, ambos de litro, por $ 1.200 cada uno.

Los chiringuitos han crecido a lo largo de la costa marplatense con una amplia variedad en comidas y bebidas. Foto Gabriel Bulacio

Para Nicolás Torres, encargado de HollyFood, “hay algo llamativo este verano. La gente está contenta, tolerante y menos quejosa. ¿Será por el Mundial, será porque es el primer verano post-covid? Algo cambió en el estado de ánimo y eso se evidencia en la gastronomía”, formula.

Y suma: “Como no se puede comprar dólares, viajar al exterior se complica y mucho menos invertir en un auto o una casa, entonces el pensamiento del turista es: ‘viajo una semana, diez días y la gasto’. Te digo que sorprende: no se pide mucho el menú. Acá dicen ‘traeme el desmenuzado de bondiola con papas’, que es nuestro plato top y cuesta $ 1.600″.

Mar del Plata y Pinamar. Enviados especiales

MG

Mas noticias
NOTICIAS RELACIONADAS