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Las heridas que deja Mauricio Macri

La renuncia de Mauricio Macri a una candidatura presidencial no hiere las posibilidades electorales ni del PRO ni de Cambiemos. Resta por saber si la oportunidad era la acertada. Aliados como Miguel Pichetto le reclamaban que acelerase el anuncio por el sí o por el no. Respondía Macri que no debían apurarse los tiempos y que era mejor postergar las decisiones hasta desanudar los enfrentamientos internos.

También les pedía tiempo a Horacio Rodríguez Larreta y a Patricia Bullrich, que no le hicieron caso. Le respondieron que ya no les importaba si fuera candidato o no. Estas diferencias no parecen afectar la adhesión de un sector del electorado – hoy opositor – que desde hace una década está clavado en el 40/42% de los votos. Lo que dispara el gesto de Macri es la puja distributiva de los cargos. Hay tramas con final anunciado, pero es incierto cómo se tramitarán en el medio. Y qué heridas dejarán.

Políticos en pausa

En estas horas Macri digiere los primeros efectos de la decisión. Le ayuda el descansadero que da a la política la pausa pascual, que se han tomado para recuperar fuerzas.

El propio Mauricio estuvo de médicos a media semana para un chequeo con sedación del cual no daré detalles. Gerardo Morales se recupera internado de una trombosis de riñón. Lilita se guardó por la Cuaresma, Cristina desapareció del Senado porque estaba a cargo del Poder Ejecutivo por otra ausencia – Alberto en el D.C. –

Se perdió la oportunidad de usar la lapicera y producir por decreto la revolución que reclama desde sus tuits en otro ejercicio de IA (inteligencia artificial). Cedió la silla en la cámara para no ver cómo la mayoría formal hacía el jueves en el Senado una sesión en minoría por falta de número. Sólo ella podía producir ese espectáculo inédito.

La oposición ya tiene 38 bancas y controla el número. En Diputados, de paso, la oposición se abstuvo en la votación del proyecto de los “monotech” – contribuyentes tecnológicos – porque si votaban en contra quedaba rechazado el proyecto. Salió con sólo 111 votos. Fue otra prueba de poder de la oposición en el Congreso.

Al fútbol, por la vuelta

Nada dice que Macri se retire de la política. Acaso el fútbol sea la continuación de la política por otros medios. Esta semana grabó un spot en apoyo de Andrés Ibarra, su candidato a la presidencia de Boca, y le repitió algo que ya circulaba: poneme en el puesto que quieras de la lista para la nueva comisión directiva que se elige en diciembre.

No importa cuál. Pavimenta su futuro mediato: es príncipe heredero en la FIFA, adonde ya tiene uno de los cargos más importantes en la Fundación. Allí tiene todo para ganar en cualquier escenario futuro. Incluso alimentar un regreso a una candidatura, después de haber ya sido presidente de la FIFA.

Había más para perder que para ganar

A Macri le cuesta justificar por qué se bajó, no puede reconocer que en el balance perdía más de lo que ganaba. El liderazgo quedó herido cuando Larreta y Bullrich avisaron que irían a las PASO presidenciales aun si él insistía en presentarse. Ese aviso pudo convencerlo de resignar su postulación.

Quienes conversan con Macri de estos temas entienden que el balance que hizo en lo personal y en político le hizo tomar una decisión acertada. Una candidatura que no le aseguraba el triunfo y, si ocurría, lo enfrentaría con un panorama de gobernabilidad espinoso y difícil. Más que el que heredó en 2015, cuyo trámite facilitó la división del peronismo antes de las elecciones, y el cisma en las dos Cámaras del Congreso después de asumir. Esta vez el peronismo va a elecciones unido como en 2019.

Facturas pendientes

Lo aplauden quienes le dicen que tomó la decisión acertada – se escuchó mucho en el besamanos interminable al que se prestó el lunes por la noche en la cena de la Fundación Libertad.

Tiene más dificultades ante quienes le reprochan haber dejado pasar la oportunidad. Son quienes han quedado en medio del camino, aliados y seguidores que hubieran preferido que anunciase la retirada el año pasado. Algunos de ellos pagan el costo de haber armado proyectos electorales en provincias que adelantaron los comicios suponiendo que podrían aprovechar a un Macri en carrera nacional.

Hay quienes jalean a Macri – los medios amigos – que exaltan su baja como una genialidad estratégica. Pero hay viudas de Macri que tienen que irse con la música a otra parte. Las primeras encuestas que han consultado sobre su decisión la hayan aprobado mayoritariamente: 67% “me parece bien”, 27% “indiferente”, 4% “me parece mal” (Berensztein/D’Alessio).

El ego propio y el ego de los otros

En las explicaciones que ha dado en público concentra la decisión en lo personal, con reflexiones sobre el manejo de los egos. El problema del político no es tanto el manejo del ego propio, sino la capacidad de manejar los egos ajenos: todo político es un manipulador de voluntades ajenas.

Sin esa capacidad sería imposible conducir un Estado, asegurar la paz o enfrentar una guerra, que es mandar hombres a la muerte – le guste o no al gobernante al que le toque ese padecimiento. El actual gobierno ha pagado caro haber jibarizado su agenda para atender el interés personal de la vicepresidente y descuidar el interés público. Lo que ha costado el ego de Cristina…

Aprendizaje para un nuevo liderazgo

El tiempo que abre la salida de Macri de la candidatura, que no implica que salga de la política, interesa por el desafío de reconstruir otro tipo de liderazgo, sin disputar jefaturas. Ser jefe y candidato enturbia la capacidad de contener las contradicciones del conjunto. Es el aprendizaje que enfrenta Macri. No lo logró Menem en 1999, que creyó se llevaba el poder a su casa y disipó el poder del peronismo.

Tampoco lo lograron ni Duhalde ni Cristina de Kirchner. La crisis del sistema político argentino se debe a esa incapacidad de administrar el poder desde afuera de la función.

Le pasó a Perón, que desató enfrentamientos armados en el ocaso de su vida, cuando parecía tener más poder que nunca. Este es un país sin expresidentes, que se puedan encontrar al menos en un cóctel. Todos se deben cuentas. “Los ultrajes entre las partes habían sido tan graves que no cabían palabras para reconciliarse.” (“Humillados y ofendidos”, Dostoievski).

Prueba de supervivencia para el PRO

Macri tiene que desmentir a quienes dirán que “el PRO no existe, el que existía era Macri”. Cambiemos 2015 existió a partir de una estrategia final diseñada por el PRO, la UCR y la Coalición – tiene nombre y apellido – que se basaba sobre la adhesión del público de las clases medias urbanas en torno a la figura de Macri. Si ganarle al peronismo en 2015 y 2021 fue una proeza, hay que atribuírselo al electorado.

Los caciques del PRO y de Cambiemos tienen que aprobar la prueba de sobrevivencia sin Macri. Él aporta con hiperactividad como mentor y organizador de su fuerza, como lo ha sido José María Aznar en el PP español y Felipe González en el PSOE. Esos dos modelos que gobernaron con éxito su país juraron, al dejar los cargos, que nunca más asumirían responsabilidades institucionales. Cumplieron y prolongaron la vida de sus organizaciones, que siguen articulando la política de España.

Oficio de incertidumbres

Esa idea de que la política tiene una dinámica de mercado traslada una fantasía que vale para el mundo de los negocios. La política no es un negocio de suma y resta, es geometría no euclidiana. Es un afán regido por el principio de incertidumbre; cuanto más certidumbre se busque sobre la posición de un objeto, menos se puede conocer su movimiento – decía el físico Heisenberg.

¿Qué tiene que pasar para que Diego Santilli se quede con la candidatura del PRO a gobernador de Buenos Aires, que alientan las encuestas y el apoyo de Larreta? Macri se ocupó de ponerlo el martes en la misma foto que Cristian Ritondo, que orbita entre Patricia Bullrich y María Eugenia Vidal. ¿Qué debe pasar, se preguntan otros, para que no estalle por el aire la alianza porteña de Larreta con el radicalismo?

Porque estallar no va a estallar, ya que sería un suicidio en masa en el distrito-santuario de Cambiemos. El final anunciado es que Jorge Macri vaya a la PASO con Martín Lousteau, como surge de las entrelíneas del pacto Macri-Larreta, para que haya un solo candidato de la fuerza. Los dos jefes del PRO no han relevado la letra chica de ese acuerdo que consagra al primo Jorge. Lo prueba la agresividad de Macri, que sacó a Lousteau de la lista de sus favoritos del radicalismo.

El senador radical confiaba en un acuerdo con Larreta para que el PRO parase en cancha a un peso liviano al que le ganaría fácilmente. Pero esto de que sea Jorge no es lo que se había acordado. Menos aún que Jorge lo esmerile en público como el hombre de la 125 o haga campaña con lemas del tipo “Soy muy diferente, él fue parte del kirchnerismo”.

¿Lo arreglamos como caballeros o como lo que somos?

Si este ánimo persiste, el primo tendrá que blindar sus papeles. Nació en Tandil, lleva años como intendente de Vicente López, en donde se le presume el domicilio – sigue de licencia. Para ser candidato en CABA le piden 5 años de residencia. No sea que a alguien se le ocurra judicializar el domicilio. Estas rispideces llevarán a las partes a una mesa de acuerdos para llegar a una disputa tranquila.

Los radicales empujan ahora para que haya dos elecciones el mismo día de las PASO porteñas. Una a jefe de gobierno con boleta única y la otra para cargos nacionales. Que ni Jorge ni Lousteau se cuelguen de una candidatura presidencial. Cualquier otro juego es abuso de posición dominante. Se preguntarán, como el gran Cantinflas: ¿Esto lo arreglamos como caballeros o como lo que somos? El árbitro es el binguero Angelici, cuyo rol de valedor de la alianza está de nuevo en riesgo.

El PRO resiste achique de poder

Esa negociación es imprescindible porque la PASO Jorge-Lousteau se presume que será una disputa pareja. Deberán negociar con el mismo ánimo las listas de candidatos a legisladores y comuneros porteños. En esos acuerdos habrá un reparto que se ajuste a la dimensiones de las fuerzas que se enfrentarán, y el rédito es para los radicales, que tendrán la oportunidad de descontar las diferencias en menos que tienen hoy en la representación en la Legislatura y las comunas.

En el costo del acuerdo Larreta-Yacobitti para el cogobierno porteño y la alianza electoral, hay que cargar el recorte que sufrirá el PRO en ese reparto. La negociación es central para la suerte de Cambiemos en la CABA y puede permear a otros distritos. Macri entiende que el PRO tiene que pelear el control de la ciudad sin cedérselo a los radicales, que se han trazado una estrategia sin tiempo para retomar la centralidad que tuvieron históricamente en la ciudad. Esta vez es cuando más cerca están de hacerlo, después de 20 años de caminar por el desierto.

AQ

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