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Ascenso y caída de Amir Khan, un showman de los rings y una mancha tardía por culpa del doping

Una sanción extemporánea, aplicada 14 meses después de su última pelea y 11 meses después de su retiro, colocó nuevamente bajo los focos al ex campeón mundial superligero Amir Khan. El británico fue un talento precoz, un hombre que arrastró multitudes en su país y que protagonizó una inolvidable batalla con Marcos Maidana en 2010, pero que también pagó cara la endeblez de su defensa y la fragilidad de su mandíbula.

Khan fue suspendido por dos años como consecuencia de un resultado positivo en un control que le efectuó la Agencia Antidopaje del Reino Unido (UKAD) tras su derrota ante su compatriota Kell Brook el 19 de febrero de 2022. La sustancia detectada en el estudio fue ostarina (también conocida como MK-2866), que ayuda a aumentar la masa muscular.

Su defensa había argumentado que el consumo de la ostarina no había sido voluntario y había alegado que probablemente la sustancia había llegado al cuerpo del púgil por “la contaminación de un suplemento o el contacto accidental con otra persona”. Si bien la UKAD consideró probado que la ingesta no había sido intencional, se ajustó a su normativa y castigó al púgil.

La pena es retroactiva (el período de dos años comenzó a computarse el 6 de abril de 2022, cuando fue notificado inicialmente el resultado positivo) y, al mismo tiempo, de cumplimiento abstracto, puesto que el boxeador anunció su retiro en mayo del año pasado, tres meses después de haber sido noqueado por Brook en Manchester, y desde entonces nunca mostró voluntad de abandonar su jubilación.

Nunca he hecho trampas en mi vida. No quiero ser recordado por algo así. Eso me haría mucho daño. Si la gente me recuerda solo por este incidente, eso me disgustaría porque sé que nunca hice algo así a propósito. Espero que la gente me crea”, pidió este martes el ex campeón mundial, quien tiene motivos de sobra para que los amantes del pugilismo guarden en su memoria fragmentos más virtuosos de su carrera.

Con solo 17 años, Amir Khan fue medallista olímpico en Atenas 2004.

Hijo de padres paquistaníes y nacido el 8 de diciembre de 1986 en Bolton, Khan tardó muy poco en destacarse en un deporte que había comenzado a practicar a los ocho años. “Era muy hiperactivo y travieso en la escuela y en casa. Fui al gimnasio y empecé a consumir energía de forma positiva. Eso me cambió la vida por completo”, contó hace unos años en una entrevista publicada en la revista especializada The Ring.

Su rápido ascenso lo llevó, con apenas 17 años, a una final olímpica: la de la división ligero en los Juegos de Atenas 2004. Si bien cayó ante el cubano Mario Kindelán, la presea de plata lo convirtió en el boxeador británico más joven en acceder a un podio olímpico. Nueve meses después, se tomó revancha ante Kindelán en Bolton. Ese fue su último combate como aficionado antes de su estreno en el profesionalismo con una victoria por nocaut técnico en el primer asalto frente a David Bailey el 16 de julio de 2005.

Gracias a sus reflejos y a la velocidad de sus manos, Khan construyó una racha de 18 victorias en fila (14 por la vía rápida) y se convirtió en una figura muy popular en su país. Sin embargo, el 6 de septiembre de 2008 su quijada dio la primera señal de alarma en Manchester: el colombiano Breidis Prescott lo despachó en apenas 54 segundos de acción en un combate en el que estaba en juego el cetro intercontinental ligero de la Organización Mundial de Boxeo. Tras esa derrota, optó por trasladar su campamento a Estados Unidos para trabajar con el prestigioso entrenador Freddie Roach.

Diez meses después y luego de dos victorias expeditivas (una ante el veterano multicampeón mexicano Marco Antonio Barrera), tuvo su primera chance mundialista y no la desaprovechó: en Manchester y con solo 22 años, batió por puntos en decisión unánime al ucraniano Andriy Kotelnik, quien cinco meses antes había vencido a Marcos Maidana, y se apoderó del título superligero de la Asociación Mundial de Boxeo.

Justamente el santafesino, que había conseguido el título interino de la AMB ante Víctor Ortiz, se cruzó en su camino en diciembre de 2010 para consagrar a un único monarca. Aquella noche en el Mandalay Bay de Las Vegas marcó uno de los puntos más elevados en la carrera del británico, quien salió victorioso después de lucir y sufrir.

Una puñalada al hígado envió al Chino a la lona en el primer asalto y amenazó con terminar la faena expeditivamente. El argentino se recuperó, pero durante los primeros nueve episodios fue dominado por la velocidad y la precisión de su adversario. Sin embargo, en el 10° round todo cambió: un bombazo de derecha del noqueador de Margarita hizo flamear a Khan cuando todavía restaban dos minutos de trabajo.

Corriendo por el cuadrilátero, trabando, cubriéndose como podía y apelando a todos los recursos a mano, Khan logró completar de pie el capítulo, aunque llegó a su rincón con el rostro ensangrentado, la mirada perdida y las piernas gelatinosas. En la esquina, Roach estuvo a punto de sacar de pelea a su hombre. “Le hice algunas preguntas porque quería asegurarme de que tenía la cabeza despejada. Las entendió y respondió con claridad, por eso no paré el combate”, contó el entrenador esa noche.

Si bien el Chino fue superior también en los últimos dos episodios, la desventaja que arrastraba en las tarjetas le impidió terminar la jornada con el brazo en alto: el inglés se impuso en decisión unánime (dos tarjetas lo favorecieron 114-111 y la restante, 113-112). “Mi mentón fue puesto a prueba hoy. El historial de Maidana demuestra que es un gran pegador y yo aguanté todo lo que me dio. Demostré que estaban equivocados todos los que decían que yo no podía encajar un golpe”, se jactó el vencedor.

El fragmento más luminoso de la carrera del hombre del Bolton se extendió hasta julio del año siguiente, cuando noqueó a Zab Judah, con un golpe al cuerpo que el estadounidense y su equipo protestaron por considerarlo bajo, para sumar a su cosecha la corona de la Federación Internacional de Boxeo (FIB). Pero cinco meses después cedió los cinturones al perder con Lamont Peterson en un fallo ajustadísimo, muy discutido y en el que el árbitro Joseph Cooper terminó siendo determinante.

Kahn derribó dos veces a su rival en el primer episodio (aunque el árbitro solo registró una como válida) y fue superior a lo largo de 12 capítulos en los que sobraron las infracciones, castigadas con rigor solo cuando fueron cometidas por el campeón: Cooper le quitó dos puntos (uno en el 7° round y otro en el 12°) por empujar, pero solo advirtió a Peterson por sus constantes arremetidas con la cabeza y sus golpes bajos.

Contra todos los pronósticos y a contramano de lo que habían observado casi todos los especialistas, Peterson se impuso por decisión dividida: dos jueces lo vieron ganar 113-112 y el otro le dio la victoria a Khan 115-110. Los descuentos decididos por el árbitro resultaron decisivos. Si no le hubiese quitado esas dos unidades, el británico habría ganado. Si le hubiese quitado solo una (o si hubiese considerado válida la segunda caída en el primer round), la pelea habría terminado empatada y el campeón habría conservado los títulos.

Golden Boy, promotora del evento y representante de los intereses de Khan, exigió una revancha inmediata y la AMB hizo lugar al pedido en enero de 2012. La contienda estaba prevista para el 19 de mayo en Las Vegas, pero debió cancelarse 10 días antes de la fecha, luego de que Peterson diera positivo en un control antidoping (en su muestra de orina se detectaron restos de testosterona sintética).

Amir Khan perdió con Lamont Peterson una pelea cuyo fallo fue muy discutido. Foto: Nick Wass / AP.

Dos meses despues, la AMB despojó a Peterson y restituyó el título a Khan (la FIB, en cambio, siguió reconociendo como campeón al estadounidense). Sin embargo, ese reinado fue uno de los más efímeros en la historia del pugilismo, puesto que cuando el organismo le devolvió la faja, el británico estaba ultimando detalles para un enfrentamiento que mantendría 72 horas después con Danny García, campeón del Consejo Mundial de Boxeo de las 140 libras.

Ante el invicto de Filadelfia, el mentón de Khan volvió a fallar. Después de dominar los primeros dos rounds, el inglés recibió un gancho de zurda y cayó. Si bien logró recuperar la vertical, lo hizo solo para sobrevivir unos minutos más antes de que el árbitro Kenny Bayless detuviera la contienda, luego de otras dos visitas al tapiz del Mandalay Bay de Las Vegas en el cuarto round. Esa fue la última noche en que trepó a un cuadrilátero con un cinturón mundial en su poder.

Después de esa derrota, se desvinculó de Roach y comenzó a trabajar con Virgil Hunter con el objetivo de mejorar su poco firme defensa. Trepó a la división wélter y encadenó cinco triunfos ante excampeones o exretadores de su división, pero no consiguió una chance contra alguno de los hombres que en las 147 libras podrían haberle garantizado una bolsa grande: Floyd Mayweather y Manny Pacquiao.

Entonces tomó una decisión tan rentable como peligrosa: desafió a Saúl Canelo Álvarez, entonces campeón mediano del CMB. Si bien el pleito se pacto en un peso inferior al límite de la división (155 libras, contra las 160 que marcan la frontera de la categoría), la diferencia física terminó siendo decisiva. En una contienda muy pareja (dos jueces tenía al mexicano adelante por uno y tres puntos, y el otro al inglés por uno), un escalofriante recto de derecha del campeón puso al retador de espalda sobre la lona e hizo innecesario que Kenny Bayless iniciara siquiera la cuenta.

“Quiero ser el mejor y pelear contra los mejores, por eso acepté este reto. Demostré mis huevos al subirme al ring con un tipo tan grande. Quería hacerlo. No llegué hasta el final, pero me esforcé al máximo. Esto es boxeo”, analizó Khan, quien embolsó seis millones de dólares por esa pelea. Tras ello, volvió a las 147 libras.

Después de aquel revés, el recorrido del otrora medallista olímpico registró algunas victorias ante rivales menores y un último intento mundialista fallido: en abril de 2019, el inmaculado Terence Crawford lo noqueó en el Madison Square Garden de Nueva York, con el título wélter de la OMB en juego.

El último combate de Amir Khan fue ante su compatriota Kell Brook en Manchester. Foto: Nick Potts / AP.

La última función de Khan fue el año pasado ante Kell Brook, ex campeón mundial wélter de la FIB, en un combate que llevaba años cocinándose a fuego lento y que convocó a una multitud en el Manchester Arena, pese a que no había título alguno en juego. Durante seis asaltos, Brook, mucho más potente, sometió a una paliza a su rival, que se vio ampliamente superado, aunque esta vez soportó de pie la tormenta de golpes hasta que el árbitro Victor Loughlin evaluó que la tunda había sido suficiente.

Esa pelea marcó el final de dos carreras. Brook anunció su retiro el 7 de mayo. Seis días después lo hizo Khan. “Mi familia me decía desde hacía tiempo que me retirara, pero yo decía: ‘No, quiero hacer algo más’. Ahora creo que es el momento adecuado”, justificó el púgil de Bolton. Y agregó: “Soy uno de esos boxeadores que pueden marcharse felices y contentos. Solo puedo agradecer al boxeo lo que hizo por mi vida: me mantuvo en el buen camino y me hizo mejor persona”. Casi un año después, una sanción le pintó una pequeña mancha a su exitosa carrera.

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