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¿Cuáles fueron los besos más caros del mundo?

El beso más famoso de la fotografía del siglo XX acaba de cumplir 73 años. París, Rue Rivol. De fondo, el fantasma majestuoso del Hotel de la Ville; en primer plano, el apuro del beso espontáneo de los amantes, y el enfoque oportuno de Robert Doisneau desde la terraza de un café.

Así, en 1950, el reportero de la revista Life trepó a la fama con esta fotografía que fue un soplo de esperanza en la Europa gris de la posguerra. 

Le baiser de l’hôtel de ville, que aquí se conoció simplemente como El beso, fue tomada para integrar una edición especial sobre el amor en la primavera de París y logró su cometido: desde Francia, esa instantánea en blanco y negro recorrió el mundo y fascinó por su instante de luz entre las brumas.

El beso. La fotografía que tomó Robert Doisneeau, en París, 1950: Le baiser de l’hôtel de ville

Sin embargo, en 1986, la foto de Robert Doisneau volvió a las tapas de las revistas cuando Life imprimió 410.000 posters con esa fotografía. En 1992, una pareja de jubilados, Jean y Denise Lavergne creyeron reconocerse a sí mismos en esa imagen de 1950. Acusaron a Doisneau de haber violado su privacidad irrumpiendo en un instante de intimidad en la vía pública y presentaron una demanda reclamando 500.000 francos de entonces (equivalentes a US$ 84.000 actuales).

Al mismo tiempo, Françoise Delbart asomó a la escena con una foto “original” firmada por Dosineau. Decía que era la protagonista de la imagen y reclamó a Doisneu 100.000 francos (US$ 17.000) para compensar lo que no había ganado por la difusión de su beso fugaz. 

En 1950, Françoise salía con Jacques Carteaud, su compañero en las clases de teatro en la Cours Simon, y ambos estaban sentados en la misma terraza que Doisneau, cuando él vio que se besaron y les pidió repetir la escena, pero cuando pasaran caminando delante de su lente. Sin dudarlo, accedieron a poner a prueba su nivel de improvisación y fueron convincentes, a juzgar por la vuelta al mundo que dio su beso actuado.

Día internacional del beso: se besaron por más de 58 horas y batieron el récord

Con dos demandas legales en curso, el autor debió sincerarse y admitió que la foto había sido arreglada, una confesión que le restó realismo a su trabajo, pero no belleza ni verosimilitud.

El Tribunal de París rechazó entonces ambas demandas y todos regresaron a sus casas sin un centavo, hasta que el 25 de abril de 2005, Françoise Delbart entregó su foto autografiada por Robert Doisneau a la casa de subastas Artcurial, que se encargó de revenderla por € 185000 (US$ 204.000).

Hubo besos más caros

Doisneau pagó con su propia reputación el beso que retuvo en su negativo, empero no fue ese el beso más caro de la historia. El beso mejor pago del mundo fue, hasta ahora, el “piquito” que le dio George Clooney a la mujer que pagó US$ 350.000 por la transacción más comercial que amorosa que ocurrió el 23 de mayo 2007, durante el Festival de Cannes. 

En cada encuentro anual de mayo, el festival de cine francés realiza una cena de gala especial a beneficio de la Fundación amfAR, que aprovecha el glamour del séptimo arte para recaudar fondos en sus investigaciones sobre VIH /SIDA. Con un cubierto que oscila entre US$ 30.000 y US$ 100.000, en el restaurante Moulin de Moulins, esas mesas no son para cualquier billetera. 

Sharon Stone en Francia. No se quiso quedar lejos de los labios de George Clooney, el repartidor de besos mejor pagos de Cannes

Lo cierto es que esa noche, Sharon Stone fue la conductora del evento que recaudó US$ 7,5 millones en total y, loca de contenta por el gesto de Clooney, fue fiel a sus bajos instintos y le “zampó” su propio pico a la vista de Matt Damon y Kylie Minogue.

Un mundo de besos

El tercer puesto del beso más caro del mundo vuelve otra vez a los brazos del arte; esta vez, la pintura. Efectivamente, fue el austrìaco Gustav Klimt quien demostró con su famosa pintura El beso (1908) que todo tiene un precio. Aun antes de que diera por terminado su óleo ”bordado” con laminillas de oro y estaño, la Austrian Gallery lo exhibió y el Museo Belvedere lo compró por una cifra récord de 25.000 coronas (equivalente hoy día a US$ 240.000).

Una auténtica fortuna entonces, cuando el cuadro más caro de la colección había salido 500 coronas y, sobre todo tratándose de Klimt, a quien los críticos iconoclastas de su tiempo tildaban de “pornográfico” y “pervertido”.

Gustav Klimt. Deprimido cuando lo pintó, ni siquiera el autor de El beso se dio cuenta de cuánto valía y costó su óleo.

El primer sorprendido fue, sin dudas, su propio autor, que pasaba por entonces un período depresivo. “O soy demasiado viejo, o demasiado nervioso o demasiado estúpido, algo debe estar mal», escribió en una carta.

Video: dos activistas atacaron una obra maestra de Klimt en Viena

El beso de US$ 130.000

Un siglo más tarde, fue otra subasta, pero esa vez en la ciudad de San Francisco, en Estados Unidos, cuando la cotización del beso alcanzó el tercer puesto de su ranking histórico. 

Cuando conducía una subasta organizada para recaudar fondos y construir viviendas a chicos sin hogar, la modelo sudafricana Charlize Theron se dio cuenta de que ni la rifa del viaje al Mundial de Sudáfrica ni la posibilidad de conocer a Nelson Mandela personalmente hacían abrir la billetera de los filántropos del encuentros. 

Entonces, como la bailarina de los siete velos, la adorable Charlize decidió subastar un beso de sus propios labios para hacer trepar los ingresos de la velada. Cuando el martillo estaba a punto de bajar por el precio de US$ 130.000 a cambio de un beso de 7 segundos, la conductora elevó la apuesta: 140 mil dólares por 20 segundos prendidos de sus labios. Y la ganadora fue una mujer.

Le pidió un último beso, pero era para matarla

Cinco años más tarde, intercambiar besos con fines benéficos se había hecho habitual desde que George Clooney había roto el molde. 

En 2014, la actriz británica Elizabeth Hurley se propuso superar la marca de Sharon Stone cuando ofreció sus labios al mejor postor, en el marco de una subasta a beneficio de la Fundación Elton John AIDS. El afortunado que sacó la chequera, durante el Baile Anual en la mansión Berkshire, fue el banquero Julian Bharti, hijo de Stan Bharti, el fundador del banco Forbes & Manhattan. 

George Clooney, el gran besador del Festival de Cannes. Pidió miles de dólares por sus besos y cada año estuvo “hasta las manos”.

Luego de endosarle su firma a un cheque de US$ 85.000, el joven de 27 años, le estampó un beso a la protagonista de Austin Powers. No importó tanto que fuera siete años mayor que él, sino que su esposa, ahí presente, lo celebró.

Y la lista podría continuar al infinito con una edición de besos comprados, fingidos, robados, postergados, imposibles o ya sin precio, pero en todo caso tan inolvidables como los de Jacques Perrin en Cinema Paradiso. Cada quien sabrá cuál elegirá para el fotograma final del agradecimiento en los créditos. Ya que hay algo que en todos los precios, siempre cotiza igual: 

“Por una mirada, un mundo; /por una sonrisa, un cielo; / por un beso…, ¡yo no sé / qué no diera por un beso!”

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